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“Una escuela debería ser un edificio singular, un símbolo del que se sintiese orgulloso un barrio, un pueblo o una ciudad”

Estrenamos este curso escolar 2025/26 de la mano de José Antonio Expósito. En su currículum caben galardones como Premio Agente Tutor (2017), Premio Nacional de Educación para el Desarrollo Vicente Ferrer (2019) y Premio Menina (2022). Además, el pasado año, el Ministerio de Educación lo condecoró con el ingreso en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio por su carrera docente e investigadora. Porque Expósito ha dedicado treinta y seis de su vida como profesor y catedrático del IES Las Musas (Madrid); y siendo director del mismo consiguió que sus alumnos obtuvieran las notas más altas en las pruebas de selectividad. Con él hemos hecho un breve repaso a la Educación, con mayúsculas: hemos charlado sobre IA y enciclopedias, cómo lidiar el ciberacoso en las aulas, los famosos “deberes” y también de algo muy importante, la asignatura pendiente: la estética de los colegios y sus aulas, que él define como tristes, feas y anodinas.

Toda una vida consagrada a la educación en el IES LAS MUSAS: 26 años como docente y casi otra década como director del centro. ¿Cuáles fueron los principales problemas que detectó, primero como docente después como director, en este IES debido a su ubicación y tipología de alumnos y cómo lo revirtió?

Los problemas que identifica un docente y un director en cualquier escuela o instituto son casi siempre los mismos, aunque con evidentes matices en un lugar u otro. Tan solo, a veces, difieren la forma o las prioridades al afrontarlos. En nuestro caso, dimos mucho valor a algo inusual hasta entonces en una escuela: a la estética, porque la belleza educa el espíritu de los adolescentes sin apenas esfuerzo. Y también cultivamos un diálogo permanente entre docentes y alumnos, porque ese viejo método socrático de enseñar da los mejores frutos.

Usted se ha mostrado como un firme defensor de «rehumanizar la enseñanza» ¿En qué consistiría esta rehumanización y qué beneficios tendría tanto para el alumno como en el proceso de aprendizaje?

La mejor enseñanza, sin duda, es la más elemental, la más sencilla y directa: la comunicación abierta y confiada entre profesor y discípulo, sin el engorroso enredo de elementos informáticos interpuestos. El docente es transmisor de conocimientos, pero, sobre todo, es un educador. Su actitud ante la vida, su forma de solucionar y evitar conflictos, su compromiso con el aprendizaje de sus alumnos será un modelo y un referente vivo para estos jóvenes en años decisivos. En eso consiste rehumanizar la enseñanza, en despojarla de todo lo superfluo con que las administraciones, las empresas tecnológicas e incluso la sociedad han enturbiado y complicado el proceso de aprendizaje.

Señala que hay tres actores principales sobre los que trabajar en el proceso del aprendizaje: alumnos, profesores y aulas. Los consejos que puede dar debido a su paso por el IES Las Musas ¿podrían ser aplicados a centros ubicados en distritos más prósperos?

Con este libro La rebelión de Las Musas, tan solo hemos relatado la experiencia vivida en nuestro centro durante una década con aciertos, errores y rectificaciones. Han sido muchos directores y profesores quienes nos han sugerido la conveniencia de poder leer con detalle el modelo educativo impulsado desde Las Musas. Otros han acudido hasta nuestro instituto para conocer de primera mano los proyectos de innovación desarrollados, las peculiaridades de nuestro método y valorar después los resultados de esas iniciativas a lo largo de los años. Narrar todo ese proceso ha sido una tarea apasionante y emotiva. Gracias a repasar con minucia todo lo sucedido, hemos apreciado con nitidez la relevancia y la trascendencia de cuanto durante ese tiempo se fue gestando. Cuando uno lo vive desde dentro, no es plenamente consciente del significado profundo de tantas actuaciones. Ojalá otros centros educativos encuentren en estas páginas inspiración o programas educativos que les ayuden en su día a día. Con esta intención fue escrito este libro.

A propósito de las aulas, cuando entrevistamos a Toni Arias -también docente en un colegio público-, señalaba que «las aulas son feas (y no invitan mucho al aprendizaje)». Con una carrera tan dilatada, ¿cómo deberían ser las aulas en el curso académico 25/26?

El primer artículo de una ley educativa debería hablar de la belleza; sin embargo, jamás se ha incluido en ninguna de las muchas leyes y decretos que se han aprobado en España. Los edificios escolares son, en su mayoría, tristes, anodinos, feos. E incitan muy poco, más bien nada, con sus diseños anticuados la innovación y la vanguardia. La línea recta y la cuadrícula predominan en unas aulas uniformes en todo el país. Todavía no se ha incorporado la línea curva en la enseñanza. Es la asignatura pendiente. Esto es algo sorprendente y que a todas luces encierra una simbología evidente de cómo es el modelo pedagógico que durante décadas se ha propuesto en todas esas leyes educativas. La línea recta nunca ha sido el camino más corto entre dos puntos en la tierra, salvo para los terraplanistas. Y, sin embargo, jamás se ha empleado en educación. Una enseñanza directa, frontal y de choque ofrece resultados pobres; en cambio, una parábola, una elipse alcanza siempre su destino con gracia. En la España reciente, nunca se les ha dado a los arquitectos, en colaboración con los docentes, la encomienda de diseñar escuelas y aulas atractivas para profesores y alumnos.

Una escuela debería ser un edificio singular un símbolo del que se sintiese orgulloso un barrio, un pueblo o una ciudad. Desgraciadamente no es así. Dignificar los centros educativos es misión prioritaria tanto en lo material como en lo ideal.

Hace unos quince años se inició una carrera por digitalizar los colegios: aulas, bibliotecas, salones de actos. Nos vendieron la idea de que el proceso de aprendizaje así sería más efectivo, más positivo para el alumno. ¿Qué lectura hace respecto a los beneficios e inconvenientes de la digitalización? ¿Hubo un abuso de las mismas? ¿Realmente es positivo que los menores de 10 años tengan un dispositivo digital en la mano?

La digitalización de las escuelas no ha sido, como algunos pregonaban, la gran transformación de la enseñanza. En muchos aspectos ha traído consecuencias muy perjudiciales que no se imaginaban entonces. Así, algunas naciones han decidido replantearse este proceso. La ministra de Educación de Suecia, tras consultar con los expertos, paralizó en su país la digitalización de las escuelas, pues todos afirmaban que el descenso en el nivel de comprensión lectora de los niños era debido al abuso de las pantallas. Los niños de todos los lugares pasan ya demasiadas horas frente a las pantallas como para seguir incentivando esa forma de aprendizaje en las aulas. No es aconsejable de ningún modo poner en manos de un niño de diez años dispositivos digitales, porque con mayor evidencia que nunca el medio es el mensaje que les trasladamos.

Del acoso pasamos al ciberacoso. En sus dos facetas (docente y director), ¿se podía detectar -y frenar- mejor el acoso hace 30 años que en la actualidad al difundirse por redes sociales dichos abusos?

Sin duda, hoy el mayor foco de conflicto entre los escolares se produce en las redes sociales y fuera del horario escolar. Sin embargo, son los profesores quienes abordan la solución de esas disputas.

La jornada se extiende, pues, a las veinticuatro horas, incluidos los fines de semana. Los enfrentamientos se agrandan al difundirlos públicamente a través de las redes sociales y las ofensas alcanzan una dimensión más profunda y, por tanto, más grave para el adolescente que las sufre. Es necesario recuperar una relación más sana y cordial entre los jóvenes y ofrecerles siempre cauces y modos, mediante el ejercicio de la palabra y el diálogo constructivo, para solucionar sus problemas de convivencia. Una vez más, la implicación de las familias resulta primordial para avanzar.

A las claras: ¿Qué niño salía mejor preparado para la universidad, en términos generales, un chaval en el año 1990 o en la actualidad? ¿Por qué?

A mi juicio y tras más de treinta y seis cursos como docente, no tengo ninguna duda al respecto.

Los alumnos de hoy salen mucho mejor preparados para la universidad que los de 1990. Hoy atesoran mayores conocimientos en idiomas, informática, han viajado más, sus grupos sociales son más amplios, su acceso a la música y al cine es más fácil y sus relaciones sexuales más libres. Sí, han leído menos, pues sus fuentes de información ahora son otras, pero recuperamos el hábito de la lectura en ellos. Las modas tecnológicas son pasajeras, la lectura perdura desde hace siglos.

Inteligencia Artificial, ChatGPT…¿Mejor esta tecnología o la Enciclopedia Espasa para hacer un trabajo escolar?

La incorporación de la inteligencia artificial (IA) al proceso educativo supone mucho más que añadir una nueva herramienta, es una enmienda a la totalidad del sistema de enseñanza. Aceptarla sin otras consideraciones previas implica que se desmoronen muchos procedimientos que hasta ahora se habían impulsado: las tareas en casa, los trabajos, exámenes, incluso los TFG o las tesis doctorales, etc. Todo queda en entredicho al no garantizar la autoría del alumno. Es preciso, por tanto, replantearnos de manera urgente muchas cuestiones, porque esa IA no espera fuera de las escuelas una decisión, ya está sentada en los pupitres anclada en cada portátil y en cada móvil.

Seguramente nos refugiaremos en la oralidad como la manera más certera de proteger nuestro humanismo.

Hablando de deberes (para casa). ¿Son necesarios y, en caso afirmativo, en qué cantidad?

Las tareas en casa se vienen cuestionando desde hace ya mucho tiempo, por distintos motivos: por las desigualdades existentes entre niños que cuentan con padres que pueden ayudarles y otros que carecen de esa ayuda; por no alargar la jornada escolar en casa, etc. La mejor tarea en casa para un alumno después de una larga jornada escolar y tras ejercitarse en alguna actividad deportiva es sencillamente leer, imaginar y crear.

Ocho leyes de educación en tan corto lapso de tiempo se antojan excesivas. ¿Por qué cree que ha habido tantas? ¿Cuáles han sido las características más positivas de, por ejemplo, las 5 últimas LO en materia de educación y sin embargo ya no se aplican?

Ocho leyes educativas en tan pocos años son excesivas para cualquier sistema educativo. En nuestro país ha faltado siempre consenso y han sobrado las trincheras ideológicas en educación, que deberíamos haber superado para afrontar un futuro educativo para nuestros jóvenes con mayores garantías y seguridad. Sin duda, también algunas leyes han aportado grandes avances, que ahora ya consideramos normalizados, pero que en su momento crearon inquietud, como, por ejemplo, extender la escolarización obligatoria hasta los dieciséis años.

Echando un vistazo al pasado, medio siglo atrás, y viendo lo que hay ahora, ¿hacia dónde cree que debería poner el foco el sector educativo? (habilidades blandas, memorización, trabajar el esfuerzo, trabajar en equipo…)

Creo, y así lo defiendo en este libro (La rebelión de Las Musas), que es primordial rehumanizar la enseñanza. Solo así conseguiremos mejorar el nivel educativo del país. Necesitamos recuperar la relación cercana y cordial entre alumno y profesor para atender de manera más personalizada a cada muchacho. Para ello es imprescindible reducir el número de alumnos por aula y lograr unas condiciones para el profesorado acordes con la labor intelectual que desarrolla, que nada tiene que ver con las de un operario en una fábrica. La presión que soporta el docente, la intensidad y el ritmo que se le exige no es propio para alguien que trabaja con niños. Hoy la enorme diversidad que atiende un maestro en un aula de primaria o una profesora en secundaria es tan amplia que resulta imposible salir satisfecho de cada clase, porque nunca se llega a ese ideal educativo de alcanzar la verdadera comunicación con el escolar. Ese es el verdadero reto, no solo para los docentes o las administraciones, sino para toda la sociedad.

Entrevista realizada por Santiago Carro para el blog de Singladura.