“A un adolescente hay que ponerle normas…para que las rompa con prudencia”
Concluido el curso, hablamos con Mar Romera. En el punto de mira, las pantallas, más países se únen a la prohibición del uso de las mismas en menores (y por extensión, el uso de las redes sociales). Es una charla amplia, extensa, en profundidad sobre cómo unas pocas pulgadas han cambiado la vida de una generación.
Hoy los chavales no se comunican llamando por teléfono. Usan el dispositivo pero se comunican a través de aplicaciones, redes sociales. “Pasame el insta” (Instagram)
En el punto de mira, las redes sociales. Ya hay países que han prohibido su uso en menores de edad. Australia, Reino Unido y Francia son los primeros países que limitarán el uso de las mismas a los menores de edad. Y España posiblemente sea el próximo en seguir los pasos. Como profesional en educación, ¿está justificado prohibir el uso de una herramienta que para un elevado porcentaje de los menores es su única forma de comunicarse?
Cuando los procesos educativos de una generación a otra pierden el control, y no sabemos hacerlo de otra forma, lo que hacemos es prohibir. Cuando tengo miedo de que te vayas lejos de casa, prohíbo. Cuando tengo miedo ante lo desconocido, la tendencia hacia nuestras crías es proteger. Y como no sabemos proteger de otra manera, lo que hacemos es prohibir.
¿Es efectiva la prohibición o no es efectiva la prohibición? En cualquier caso, creo que tiene que haber unas normas y unos límites, por supuesto que sí. Pero creo que la norma y los límites deberían estar destinados más a los adultos que a los niños o a los adolescentes. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando un peque de cuatro años tiene una cuenta de Instagram o de TikTok, el problema no es del niño, el problema es de la madre o del padre que se lo ha creado.
Entonces, lo primero de todo sería mirar muy bien dónde ponemos el foco. Cuando tengo maestros que se dedican a hacer horas enteras de sus sesiones de clase grabadas y después colgadas en las redes, el problema no es de los niños, es de los maestros. Donde habría que empezar con una norma y habría que empezar con una ética, que se nos ha olvidado la ética y la moral en el cuidado y el respeto por la infancia y la adolescencia, debería ser con los adultos.
Dicho esto, entiendo que las redes sociales son el círculo, la calle, el patio de vecinos… los parámetros básicos de comunicación que tiene nuestro niño. Y vuelvo otra vez a la raíz. El problema no está, desde mi punto de vista, en el medio en sí, sino en los instrumentos, los argumentos, la preparación que tenemos para utilizar ese medio.
¿Están preparados nuestros niños y adolescentes para vivir en un mundo de redes sociales falso, manipulado, mentiroso, totalmente sesgado y sin ningún tipo de estructura cultural crítica? No, no están preparados para esto. ¿La solución es prohibir ese recurso? Creo que hay que ponerle límite al recurso, pero creo que tenemos que plantearnos cómo estamos educando a nuestros niños para que sean personas realmente libres independientemente del contexto en el que toque vivir.
Ser libre no es hacer lo que te da la gana. Ser libre es tener criterio de elección y ser consecuente con lo que sucede después de una elección. Esto significa tener un pensamiento crítico. Es decir, haber desarrollado principios básicos de razonamiento, de creatividad, de lógica y -además- de ética y de moral.
Igual esto es lo que no estamos haciendo bien y la respuesta viene por prohibir. Prohibir la ley seca no quitó precisamente el problema del alcohol.
Hablaba el otro día con un adolescente y me decía -respecto al acceso de redes sociales- que es súper fácil. Y es súper fácil porque “lo hago con el perfil de mi madre”. Lo tenía absolutamente cristalino.
Porque como tú mismo me preguntabas antes, es la manera de comunicar. Por tanto, creo que el tomar decisiones políticas absolutamente demagógicas, sin conocimiento de causa, sin saber por qué lo estoy haciendo, solo son populistas en un momento determinado porque me cogen corrientes y a nuestros políticos, la infancia, poco les importa. Lo único que hacen es coger tendencias que de alguna manera le pueden proporcionar una cuota de pantalla en un momento determinado y le pueden proporcionar votos.
Ahora, ¿qué está de moda? ¿Esto lo han hecho en Australia? Australia tiene que ser muy guay. Solo faltaba que me dijeran que lo han hecho en Finlandia. Si lo hacen en Finlandia y en Singapur, ya nos copiamos todos.
Toman decisiones sin lógica, sin ética, sin moral y sin razón.
En cualquier caso, lo que se puede hacer en otros países no tiene por qué ser extrapolable a otros países que puedan quedar en nuestras antípodas, con idiosincrasias distintas.
Pero desde mi punto de vista, Australia, Europa, Norteamérica, estamos en el mismo continente de desarrollo social.
No estamos hablando de África o no estamos hablando de Latinoamérica, que serían como los tres pilares. Es decir, tenemos un hemisferio norte donde estaría un hemisferio norte hacia el oeste, donde colocaría Australia.
Es decir, Australia la colocaría en medio de Norteamérica y Europa. Y luego tengo un hemisferio Latinoamérica o una parte Latinoamérica-África y luego tengo unos países orientales, que serían como los tres triángulos de la composición a nivel social y de estructura social en el mundo.
Y ahora mismo no hay una diferencia importante en cuanto a las redes sociales se refiere y en cuanto a la utilización de la tecnología por parte de nuestros chicos pobres. El tema está en cuáles son los hábitos de sobreprotección que los adultos tenemos sobre los niños. Es decir, la sobreprotección y la generación de dependencia por parte de la infancia-adolescencia hacia los adultos y los adultos hacia los niños es tremenda.
La protección es “de la mano” todo el tiempo. Esto es, de la mano te llevo al cole, de la mano te llevo al parque, te doy la comida en la boca, te tengo vigilado todo el rato. Intentamos poner medidas de seguridad.
El nivel de proteccionismo se ha elevado a niveles insospechados. Hasta el punto de que no permitimos el desarrollo autónomo individual de los peques. Es decir, que niños vayan solos al cole; que niños ocupen los parques sin necesidad de estar vigilados; que niños vayan rompiendo a poco a poco la norma y los límites de un contexto próximo y que creen comunidad en los contextos próximos, que sería lo ideal.
Como esto no está permitido, entendemos que porque el niño esté en el salón de casa, ahí realmente, sí los tenemos controlados y los tenemos seguros. Nada más lejos de la realidad, es que se nos ha escapado de las manos -o de la cabeza- lo que esto significa. Estoy dejando a un niño en una plaza, absolutamente desconocida, llena de miles de personas donde están pederastas, donde están nazis, donde hay xenófobos, racistas, clasistas, yihadistas… Es decir, una plaza donde están todos (y todos los malos). También hay buenos, por supuesto. Y lo estoy dejando en medio de esa plaza absolutamente desprotegido de todo cuanto yo pienso, como adulta, que como está en el salón está seguro. Y esto se nos escapó de las manos.
Creo que prohibir no sería la palabra, sino que sería establecer límites muy claros; sobre todo a los adultos, por supuesto. Y, en cualquier caso, la clave está en educar. Y no seguir educando como en el siglo XIX-XX, que no tenía nada que ver con nuestro contexto actual.
Visualicemos esta escena: Estás en un restaurante, un niño de dos años en la mesa de al lado con sus papás, el niño empieza a llorar y lo primero que hace el padre (o la madre) es darle el teléfono para que vea vídeos de Peppa Pig o de lo que sea. Entonces, quizás a lo mejor los padres, muchas veces, por lo que sea, han preferido delegar en un aparato la educación que deberían impulsar los padres a esos niños y al final a ese niño ya le estás poniendo las semillas y le estás regando todos los días para que abone el uso de una pantalla táctil y que sea dependiente de esa pantalla táctil respecto a jugar al balón con los amigos o salir a la calle o al parque o lo que sea.
Entonces, realmente, ¿a quién habría que multar? ¿No sería a esos padres que dan conscientemente un dispositivo a un menor?
Sí y no, no hemos sido conscientes. Es decir, el padre o la madre que hacen eso lo hacen porque no saben hacer otra cosa y porque realmente es un recurso muy económico, muy pequeño, muy útil para dejar que un pequeño se quede callado durante dos horas porque la pregunta sería ¿qué hace un pequeño en un restaurante dos horas? Entonces, o los dejamos solos o les permitimos autonomía, les permitimos calle, les permitimos o les dejamos los aparatos tecnológicos que lo absorben totalmente y nos dejan en absoluta tranquilidad. Las familias no saben educar a su hijo en el siglo XXI.
La pregunta sería ¿nunca han sabido? Yo no sabía el mal que le estaba haciendo a mis hijas cuando les dejaba una pantalla, no sabía que estaba haciendo mal si yo les dejaba un DVD puesto en el coche cuando hacíamos un viaje largo.
Pues sí. Lo estaba haciendo mal, pero es que no lo sabía. Entonces, muchas de estas mamás y papás que además han convertido la crianza en una moda, y una moda sin control donde no existen los límites, donde estamos hablando de crianza respetuosa perdiendo de la mano lo que realmente significa esto y lo que significa poner a la infancia en el centro. Es que no pueden controlar a su peque de dos años y la manera de controlarlo en un restaurante es con la pantalla.
Entonces, ¿culpemos a las familias? Sí, pero las familias también hay que entender que están solas. Es decir, para criar a un niño hace falta la tribu. Las personas vivimos aisladas, con pocas familias, pocos hijos o en la mayoría de los casos un hijo-hija, es decir, hijo único sin red de compartir, de decirte oye, que eres mi hermano, toma mi hijo esta tarde o los hijos unos días comen en tu casa, otros días comen en la mía y hay un movimiento donde además yo tengo cierta autonomía y cierta flexibilidad. Esto ha desaparecido. Para criar un hijo hace falta una comunidad, hace falta una red, hace falta una estructura de horizontalidad para los vínculos y resulta que esto, ahora, no existe.
Y como no lo hay, pues mi apoyo es lo que tengo que es la tecnología que por otra parte está súper bien hecha para crear adicción y lo que tenemos es un problema de adicción gravísimo en nuestra infancia y en nuestra adolescencia. Lo que tenemos es una alteración del sistema de recompensa o el sistema dopaminérgico en la estructura neurológica de nuestro niño, en ese cerebro en constitución y en construcción a nivel neurobiológico y en esa mente en construcción a nivel cognitivo.
Entonces, claro que yo puedo tener una respuesta a cuál sería la estructura o la solución frente a la prohibición. Pues yo te diría: mira, los niños hasta los tres años no deben saber que las pantallas existen. No existen.
Y decir que no existen es que jamás te vean a ti con una pantalla. Y tú vas a decir ¡qué locura! No, no. Es que no te pueden ver con la pantalla. Es que entre su mirada y la tuya no podemos colocar, ni de broma, una pantalla entre medio.
Es decir, hasta los tres años no existen. Significa no se pone la tele. Significa no llamamos a la abuela por videollamada.
Significa no te ven a ti. Porque si llega un momento en el que tienes que trabajar en casa, pues te encierras en el despacho. Te encierras donde te tengas que encerrar y trabajas.
De tres a seis años las pantallas solo se utilizan en grupo. Esto significa: llamamos a la abuela en familia, en una videollamada; esto significa, vemos un capítulo de Peppa Pig que comentaba antes y lo vemos en familia, perfectamente.
Y de los seis a los nueve años tampoco utilizamos ordenadores y acceso a internet de forma individual. No.
Cuando accedemos a internet también lo hacemos en grupo, cuando estamos en el cole y vamos a empezar a utilizar la IA o vamos a buscar en Google. Por supuesto que sí pero en equipo. El acceso a internet siempre en equipo y nunca de forma individual.
Hasta los doce años nada de móviles ni de internet en solitario. Pero fíjate que yo aquí digo que a partir de los 12 años un peque puede tener móvil si ha sido entrenado de forma crítica hasta los 12 años y, por supuesto, hasta los 15 años desde mi punto de vista nada de móviles con contraseño.
Si cumplimos con esta estrategia o este protocolo el resto no tiene por qué darme problema.
Lo que pasa es que eso que planteas es como si viviéramos completamente aislados unidades familiares unas de otras. Un menor de ocho o diez años es habitual que vaya a casa de un amigo suyo o que venga a un familiar con lo cual ¿cómo controlas que cumpla siempre las normas cuando sale de tu círculo?
Las normas a una adolescente hay que ponérselas para que las rompa con prudencia. Yo estoy hablando, hasta los 9 años en un proceso de construcción neurobiológica del cerebro y un proceso de construcción cognitiva de la mente y evidentemente ahí va a depender las rutas que se construyen en función de los estímulos que les damos y un peque es absolutamente feliz si hasta los 3 años no ve una pantalla. Y no te estoy diciendo que a tu hijo, con 16 años, haya que decirle “tú no tienes redes sociales y el mundo entero a su alrededor las tiene”. Entonces va a sufrir. Estoy diciendo que hasta los 3 años, que un niño no vea una pantalla, es la persona más feliz del mundo. Y esto es es una evidencia de las investigaciones de la neurociencia y como tal evidencia marcamos unas pautas independientemente de que en el adolescente -insisto- las normas se ponen para ser rotas con prudencia porque tenemos que ir midiendo nuestros propios límites, sin más.
Partiendo de la base de que Whatsapp es una red social, ¿cómo le dices a un niño de 10 años que no puede comunicarse con sus abuelos que viven en otra comunidad u otro país, cuando él quiera, porque lo tiene que hacer de manera grupal?
Del mismo modo que un niño con esa edad quizás no coja dos líneas de metro para ir a ver a sus abuelos, para hacer una videollamada por Whatsapp será con la supervisión de un adulto.
Si se conciben las redes sociales como canales de comunicación y si se presupone que lo pernicioso es el contenido, de prohibirse algo, ¿no deberían ser los contenidos más que el canal en cuestión y que pasasen ciertos filtros que certifique su idoneidad?
Sin ser una entendida en el tema no veo posible, ni factible, hacer un filtrado de contenido. Estaríamos entrando en un proceso de censura muy grave. Es decir, una cosa es que los contenidos no puedan ser ilegales. Pero llevar hasta otro nivel el tema de los contenidos estaríamos hablando de censura.
Según datos de Save the Children uno de cada tres niños está siendo abusado, maltratado o incluso educados de manera dudosa dentro de su propia familia. Estamos hablando que el 33% de la de la población infantil está siendo maltratado. ¿De verdad con estos datos vamos a centrar el tiro en lo que suponen las redes sociales?
¿Cuántos niños están sufriendo acoso en las escuelas? Muchos. En un centro de 100 niños pueden estar sufriendo acoso 5. Estoy haciendo una estadística horrorosa y somos el primer país del mundo en acoso escolar y bullying. Somos el primer país del mundo en bullying sobre todo a través de las redes, 5 de cada 100 niños. Pero es que tenemos entre un 25% y un 33% de niños, tanto según la FAD como la Fundación Mútua Madrileña, que están siendo maltratados. Y no estamos haciendo nada.
¿Con esto qué quiero decir? Que tenemos momentos y modas y picos. ¿Que las redes sociales están siendo un problema? Sí, pero que el problema real es un sistema educativo retrógrado absolutamente anclado en el siglo XIX, que no nos enseña a pensar, que no tiene cultura general, que no tiene pensamiento crítico y que estamos en manos de técnicos informáticos que se inventan un currículum que no sirve absolutamente para nada.
Hay un uso negligente de las redes sociales, compartiendo de manera pública comentarios lesivos de menores, ridiculizándolo y menospreciándolo, produciendo autolesiones, ansiedad…¿Cómo detectar al alumno acosador?
Hoy todo el mundo opina de todo. El enfrentamiento adolescente -incluso infantil- y la búsqueda de tu lugar en el mundo, es necesaria. Esto pasaba ya hace 50 o 60 años pero no trascendía más allá de la clase. Siempre ha existido. Y quien tiene el problema no es el niño acosado, sino que muy probablemente sea el niño acosador el que está siendo maltratado en casa, que esté sufriendo abusos. Por tanto, la prevención debe pasar por la estructura micro (en casa) no en la estructura macro. Y aquí, ¿qué tienen que ver las familias? Lo único que podemos hacer desde los contextos profesionales es estar ojo avizor para ver dónde ese 25% que hablábamos antes está siendo maltratado en su entorno familiar. Y estos niños son los perfiles perfectos para ser niños acosadores.
En este sentido, el trabajo de la escuela no es enseñar. El trabajo, el fin último de la escuela en 2026, es aprender -no enseñar- y cuidar. Y me refiero a cuidar en todos los sentidos; acompañerles en procesos donde en muchos casos están solos. Y de ahí viene suicidio, lesiones. Y el problema es que los hemos dejado – a esos niños- en manos de nadie.
¿Hay planteamientos efectivos para detener el acoso escolar por parte de los colegios?
El problema es que nos sobran recursos. Lo que necesitamos es tener equipos directivos profesionales, plantillas estables y que cada niño tenga el mismo tutor/a durante todo el periodo escolar en la educación obligatoria. Siguiendo estos parámetros, se acabaría el problema. Tenemos un sistema de selección de personal que no puede ser peor, con una estructura de carrera profesional completamente abandonada donde prácticamente todo el mundo habla de educación; con un sistema pedagógico de formación de profesorado que es una vergüenza. ¿Y por qué? Porque seguimos con estructuras propias del siglo XIX y la gente no se da cuenta que estamos en pleno siglo XXI manejados por la IA.
Entrevista realizada por Santiago Carro para el blog de Singladura.